jueves, 28 de abril de 2011

Creer en Dios cura la depresión porque la gente cree que es Bondadoso.

Creer en Dios ayuda a pelearle a la depresión

(www.neomundo.com.ar ) Las convicciones religiosas podrían ser una herramienta efectiva contra la depresión, ya que creer en un Dios bondadoso podría mejorar la respuesta al tratamiento médico aplicado contra esta patología, concluyó un estudio realizado en Estados Unidos.
“La medicación tiene un rol importante en la reducción de los síntomas de la depresión. Pero los médicos deberían ser concientes del rol de la religión en la vida de sus pacientes, ya que constituye una herramienta importante al planear el tratamiento”, afirmó Patricia Murphy, de la Universidad de Rush.
Un mal frecuente
La depresión, una patología bastante habitual, consiste en una tristeza muy profunda y duradera, que interfiere en todos los aspectos de la vida cotidiana, como el laboral, familiar o social. La Organización Mundial de la Salud calcula que al menos 121 millones de personas la sufren hoy en día y que constituye una de las principales enfermedades discapacitantes. Sin embargo, menos del 25% de quienes la padecen acceden a un tratamiento médico efectivo.
Los síntomas más comunes incluyen la tristeza, desesperanza, cansancio, insomnio, ansiedad, irritabilidad, falta de interés y los problemas para concentrarse. También puede generar alteraciones físicas, especialmente en el aparto digestivo o en la intensidad de los dolores de cabeza. Los tratamientos más habituales incluyen la psicoterapia y, en caso de ser necesario, medicación.
DIOS Y ALIVIO
Los investigadores analizaron la influencia de las creencias religiosas en la batalla contra la depresión, y publicaron sus conclusiones en la Revista de Psicología Clínica. Trabajaron con 136 adultos diagnosticados con depresión, y todos respondieron una serie de preguntas destinadas a analizar sus convicciones religiosas.
Los voluntarios que creían en un Dios bueno y comprensivo tenían más posibilidades de responder al tratamiento contra la depresión, que incluyó la administración de fármacos.
Por las dudas, los autores chequearon que la buena respuesta al tratamiento no tuviera que ver con la sensación de esperanza. “En nuestro estudio, la respuesta positiva a la medicación tuvo poco que ver con la esperanza que usualmente acompaña a las convicciones espirituales. La mejora de los pacientes se asoció específicamente a la creencia en un Ser Supremo bondadoso”, concluyó Murphy.
Más información en www.neomundo.com.ar

miércoles, 27 de abril de 2011

SUEÑA

Sueña
Con un mañana
Un mundo nuevo
Debe llegar

chorus:

Ten fé
Es muy posible
si tú estas
Decidido

Sueña
Que no existen fronteras
Y amor sin barreras
No mires átras

Vive
Con la emoción
De volver, a sentir
A vivir , la paz

Siembra
En tu camino
Un nuevo destino
Y el sol brillará

Donde
Las almas se unan en luz
La bondad, y el amor
Renacerán

Y el día que encontremos
Ese sueño cambiarás
Y no habra nadie que destruya
De tu alma la verdad.

chorus

Sueña
que no existen fronteras
y amor sin barreras
no mires atras

Ten fé
es muy posible
Si tu estas, Decidido

Sueña
Un mundo distinto
Donde todos los días
El sol brillará

Donde las almas
Se unan en Luz
La bondad y  el amor
Renacerán

Sueña, sueña.....
Tú

Sueña
 
http://youtu.be/D-bsfRocCEs 

lunes, 18 de abril de 2011

Cristo nos ama incluso cuando nos atrevemos a negarlo

Cristo nos ama incluso cuando nos atrevemos a negarlo
Lunes Santo. La caridad es ser capaz de servir hasta que ya no pueda mas.
Autor: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net
El día de hoy vamos a ponernos el cristal de la caridad, y bajo esta óptica contemplaremos la Última Cena.

¿Qué es la caridad? Si alguien quisiese definir la caridad, podría escribir libros enteros. Si alguien quisiese definir la caridad, podría llenar bibliotecas, o simplemente tomar una fuente con agua y lavar los pies a sus discípulos durante la cena: “[...] cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego hecha agua en un lebrillo y se pone a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido”.

La caridad es ser capaz de servir hasta que ya no haya nada más que uno pueda hacer; la caridad es servir hasta la último. “No hay amor más grande que aquél del que da la vida por quien ama”. Cristo, constantemente, va a unir su caridad con su muerte. Tanto es así, que la cruz va a ser la mayor expresión de caridad de Cristo.

Nos impresiona cuando vemos a Cristo rebajarse como un esclavo a lavar los pies, quizá no nos impresiona tanto el hecho de que Cristo no solamente lava como esclavo los pies a sus discípulos, sino que muere esclavo en la cruz por sus discípulos. La caridad, la verificación, el amor, la muerte de Cristo están inseparablemente unidos. La caridad de Cristo es una caridad que se ofrece en la separación de aquellos que ama. “Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis y a donde yo voy vosotros no podéis venir”.

El amor de Cristo es un amor totalmente desinteresado, no es un amor que se busque a sí mismo. El amor de Cristo no busca la propia felicidad sino la felicidad de aquellos que ama. Cristo incluso va a aceptar la separación de aquellos que ama por amor; pero, al mismo tiempo, como todo auténtico amor, el amor de Cristo va a buscar en todo momento compartir, y por eso Jesucristo les dice a sus discípulos: “Como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros”.

Cristo busca encarnar su amor en los que ama. Cristo busca que aquellos que Él ama también amen como Él: “En esto conocerán que sois mis discípulos: en que os tengáis amor unos a otros como yo os he amado”. La caridad que no se transmite, la caridad que no se manifiesta, la caridad que no se encarna en aquellos que amamos no puede ser una caridad auténtica.

No hay que olvidar que el Maestro se nos presenta como modelo de caridad, como dirá San Juan, “en la glorificación”, es decir, en la muerte, en el don absoluto de sí mismo por amor a los suyos. Éste es el don más grande que un hombre puede dar: el don de sí mismo. ¿Qué otra cosa podemos dar más que nosotros? Aun cuando hubiéramos terminado de dar mucho, todavía quedaríamos nosotros por darnos. ¿Qué más puede ofrecer un soldado a su señor, cuando ya lo ha dado todo? ¿Qué más puede ofrecer Cristo, cuando ya lo ha dado todo? ¿Qué más puedo ofrecer yo, como discípulo, cuando ya lo haya dado todo?

La caridad de Cristo tiene, además, una muy especial característica. En el Evangelio de San Mateo se dice: “aquél que me negare delante de los hombres yo le negaré delante de mi Padre celestial”. Justamente en este contexto de caridad se introduce el misterio de la negación de Pedro. Sin embargo, Pedro no contaba con la última de las delicadezas de la caridad de Cristo. Dice el Evangelio: “Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde. Pedro le dice: ¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti. Le responde Jesús: ¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces.”

La caridad ama aun cuando el amado nos niega. Así ama Cristo. Cristo no solamente ama cuando nosotros somos grandes apóstoles que entendemos perfectamente los planes del Señor sobre nosotros -¡qué fácil sería amar así!- Cristo ama incluso cuando nosotros nos atrevemos a negarlo. Y nos ama con un amor redentor, nos ama con un amor transformador, nos ama con un amor purificador, nos ama con un amor que es capaz de sacarnos del pozo donde nosotros podríamos vernos encerrados.

El amor de Cristo no es un amor que arrasa; es un amor que reconstruye, cuando el alma se deja reconstruir. Es un amor que hace que aquél que lo ha negado pueda amarlo a Él, como Cristo lo ama. ¿Cómo nos ha amado Cristo? Hasta dar su vida por nosotros. ¿Cómo tenemos que amar nosotros a Cristo? Hasta dar nuestra vida por Él.

San Juan va a unir la caridad con la obediencia y con el sacrificio en la obscuridad: “Si alguno ama, guardará mi palabra y mi Padre le amará y vendremos a él y haremos morada en él”.

Cristo une caridad, obediencia y presencia de Dios. La esencia de toda santidad y de toda virtud cristiana está en la caridad. No hay presencia de Dios donde no hay caridad, no hay presencia de Dios donde no hay obediencia; y donde no hay obediencia, no hay caridad ni presencia de Dios; y donde no hay caridad no hay obediencia ni presencia de Dios.

Tendríamos que darnos cuenta que esta especie de trinidad es el corazón del cristiano. Presencia de Dios es obediencia y es caridad. Quien diga que tiene a Dios y odia a su hermano, es un mentiroso. Y quien quiera obedecer, primero tiene que amar. Y quien regatea con el egoísmo, no obedece ni tiene a Dios en su corazón. La caridad se hace obediencia y se hace presencia. Si no es así, la obediencia es vacía y la presencia ausencia. Solamente cuando hay esta presencia, esta caridad y esta obediencia, el hombre posee luminosidad para poder guiar su vida en la autenticidad.

“El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todo y os recordará todo cuanto os he dicho”. La presencia amorosa de Dios en nosotros es la garantía de la luminosidad interior. No puedes guiar tu vida si estás cegado por el egoísmo. No puedes guiar tu vida si en tu interior no existe luminosidad y la disposición de vivir en la obediencia. No puedes guiar tu vida si en tu interior no existe la verdadera presencia de Dios. La caridad, como obediencia que se hace presencia, es la clave que Jesús mismo nos deja.

Después de hablar del amor, Cristo empieza hablando del Príncipe de este mundo. No hay que olvidar que la auténtica caridad se hace testimonio precisamente ante las persecuciones del Príncipe de este mundo. Y así como la luz expulsa la noche, y la obscuridad se ve alejada por la aurora, la caridad expulsa de nuestra vida al Príncipe de este mundo.

¿Quién no le tiene miedo al contagio del mundo del demonio y de la carne en su propia vida? ¿Alguien puede sentirse inmune a esto? ¿Alguien puede decir que tiene las manos limpias? Y, sin embargo, ¿cómo podemos resistir al Príncipe de este mundo? Sólo quien vive en la caridad tendrá la capacidad suficiente para desencadenarse una y otra vez del Príncipe de este mundo. Sólo el que tenga caridad como ley auténtica de su vida podrá estar liberándose de las ataduras que el Príncipe de este mundo le ponga a su corazón. Solamente quien no es capaz de vivir la caridad acabará por vivir con el demonio dentro del corazón.

La caridad es el testimonio del cristiano. Ante las asechanzas del demonio, que muchas veces podrá buscar encimarse, apoderarse de la vida del hombre, más aún, que muchas veces hará fracasar las obras buenas del hombre, sólo la caridad continuará siendo la coraza con la cual el hombre vence, con la cual el hombre es capaz-a pesar de los errores, a pesar de los fallos propios o de los demás-, de volver a amar y de entregarse.

No hay que tenerle miedo al demonio si en nosotros hay caridad, si en nosotros hay amor verdadero. No hay que tenerle miedo al demonio de las tentaciones y de las dificultades, en el seguimiento de Cristo, si en nosotros verdaderamente existe un corazón lleno de amor a Dios.

Aun cuando el corazón pueda estar en la soledad, en el abandono, en la dificultad y en la prueba, tenemos que saber que la caridad de Cristo se convierte en paz en nuestra alma, consuelo de nuestra soledad. “Os dejo la paz; mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ´Me voy y volveré a vosotros.´ Si me amarais, os alegrarías[...]”.

Éste es el rostro de la caridad que Cristo nos presenta. Una caridad que se ofrece, una caridad que se comparte, una caridad que se hace testimonio, una caridad que ama incluso en la negación del amor. Y al mismo tiempo, es una caridad que se convierte en presencia por la obediencia, es una caridad que no se contamina a pesar de las asechanzas del demonio o de la soledad en la que nosotros podamos vivir.

Este amor -lo vemos en Cristo-, no es simplemente un bonito sentimiento interior. Este amor tiene obras que efectivamente manifiestan el amor, obras que realmente realizan el amor, obras que demuestran que estamos auténticamente entregados a Cristo. Porque si no prestamos más que a aquellos de quienes esperamos recibir, ¿qué mérito tendremos que no tengan también los pecadores? Si no saludamos más que a los que nos saludan, ¿en qué nos diferenciamos de los gentiles? Y si no amamos más que a los que nos aman, ¿qué hacemos que no hagan también los publicanos?

También a nosotros se nos exige una caridad que se hace celo apostólico, como el mejor servicio hecho a los hombres. ¿Qué más les puedes dar a los hombres sino la presencia de Dios en sus corazones? No existe la caridad sin celo apostólico, no existe la caridad sin esfuerzo por conquistar a los hombres para Cristo. Y la podremos disfrazar de lo que queramos, pero sin celo apostólico que influya verdaderamente en las sociedades en las que vivimos, en los ambientes en los que nos movemos, no hay caridad. Sin un corazón que arda por sus hermanos los hombres, no hay caridad, porque Cristo, por amor a nosotros, busca introducir la presencia de Dios en nosotros. “En el que me ama moraremos”.

¿Realmente mi amor a los hombres es un amor que busca hacer que la presencia de Dios esté dentro de mis hermanos? ¿O es un amor platónico, o es un amor romántico? ¿O es un amor que arde, y porque arde quema, y porque quema transforma, y transforma en celo apostólico?

Cuando revisemos la caridad, veamos el amor de Cristo por nosotros, veamos nuestro amor por Cristo, veamos nuestro corazón, y veamos si verdaderamente hay caridad que es obediencia y es presencia. Pero nunca olvidemos la tercera dimensión de la caridad: el celo apostólico.

Recordemos que se nos va a exigir. “Tuve hambre y no me diste de comer; tuve sed y no me diste de beber; estuve desnudo y no me vestiste, en la cárcel, enfermo y no me fuiste a ver”. Si a ésos, Cristo los manda lejos de sí, lejos del amor, lejos de la vida eterna, ¿qué será de aquellos que le negaron a sus hermanos los hombres, por falta de caridad, la presencia de Dios en su corazón? ¿Qué será de aquellos que, llevados por la pereza o por la soledad, o por el Príncipe de este mundo, o por el orgullo, se permitieron el lujo de no llenar el corazón de sus hermanos los hombres con la presencia del Señor?

viernes, 15 de abril de 2011

Los 10 mandamientos

1 Amarás a Dios sobre todas las cosas

2 No tomarás el nombre de Dios en vano

3 Santificarás el día del Señor

4 Honrarás a tu padre y a tu madre

5 No matarás

6 No cometerás actos impuros

7 No robarás

8 No levantarás falsos testimonios ni mentirás

9 No consentirás pensamientos ni deseos impuros

10 No codiciarás los bienes ajenos

jueves, 31 de marzo de 2011

El mundo está mejor porque hay más luz

30 de marzo de 2011 - Nº 160
"La vida es un juego. Juega lo mejor que puedas, pero no olvides que es tan solo un juego; un juego sin perdedores."

SAT





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¡Hola!
Ve uno los noticieros por la televisión y, además de la sección “light” de farándula al final, que más parece un ligero paliativo temporal frente a la avalancha de malas noticias que se presentan previamente, no recuerdo con exactitud cuándo fue la última vez que le dieron a una buena noticia la misma relevancia que se le da a la tragedia cotidiana. Pareciera que intencionalmente buscaran bajarle la energía al espectador con tanta noticia negativa, y realmente uno tiene que hacer de tripas corazón para no dejarse afectar por el bombardeo de tragedia que muestran. No sorprende que mucha gente viva según reza el popular adagio “la vida es dura, y duuuuura…”

Evidentemente, esos hechos dolorosos sí suceden, pero no son lo único que sucede aunque sí son lo único que se muestra.

En mi personal opinión, y sin ser yo el tipo de persona que cree en conspiraciones planetarias o cosas por el estilo, sí siento que la agresividad y negatividad que muestran los medios es de alguna manera intencional. Además de que la tragedia “vende”, pues a través del morbo le refuerza al ego su propia imagen de limitación, al observar cuidadosamente pareciera también evidente que todo lo que se muestra tiene un solo objetivo: crear desilusión. ¿Desilusión de qué? Pues desilusión de la vida, naturalmente: “el mundo está cada vez peor”.

Adicionalmente, y aunque hay ya publicidad inteligente que busca crear una experiencia positiva a través de la comunicación, aún hay mucha publicidad de viejo formato que en buena medida también apoya la desilusión: desilusión porque no soy tan bonita como la modelo (tengo que comprarme esos zapatos o usar ese maquillaje para parecerme), desilusión porque no “levanto hembra” (tengo que usar ese desodorante para que me “lluevan las mujeres”), desilusión porque estoy calvo (tengo que comprar el cepillo láser para que me salga pelo), etc.

Una persona desilusionada, con la energía baja, no solo es más fácilmente manipulable dentro de un sistema económico cimentado en el consumo de bienes y servicios, sino que crea más desilusión y desazón a su alrededor, fomentando así el consumismo. A esto es a lo que se le llama “la economía del miedo”.

Todo el sistema económico, político y religioso, que traemos desde hace siglos, todo está cimentado en el miedo, en mantener convencida a la gente de que es incapaz, limitada y que no tiene ningún poder. Tal y como lo dijo Goebbels, ministro de propaganda nazi durante la II guerra mundial, “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, y así es como se ha perpetuado la mentira. Nuestras familias están cimentadas en esos mismos valores, tanto así, que la educación que les damos a nuestros hijos tiene como componente fundamental el “educar niños con defensas”. ¿Defensas ante qué? ¡Si nadie los está atacando ahora! Claro, “los atacarán en el futuro” dirán los preocupados padres, y aunque los hechos así parecieran confirmarlo, la realidad es que están educando bajo el mismo principio del miedo: miedo a lo que pueda pasar.

Pero en lo personal hace un tiempo me llegó una visión distinta, de Sai Baba me parece, en que a través de un ejemplo explica cómo en realidad el mundo no está peor cada vez, sino mejor. La metáfora es simple: Todo el “mal” y podredumbre que nos muestran los medios siempre ha existido, solo que ahora podemos verlos, antes no los veíamos; y los vemos simplemente porque hay más Luz. Conclusión: hay más Luz en el planeta, por lo tanto estamos mejor que antes.

Qué hermosa perspectiva, que magistral demostración de cómo el sufrir o gozarse la vida no depende de nada más que de nuestro parecer ante esta, sin importar los hechos que se vean en la forma.

Los tiempos de aquí y ahora (pues ya no son los tiempos por venir) son los tiempos en que es necesario aprender que sí tenemos el control, que el sufrir o gozar en la vida no depende de nada ni nadie excepto de nosotros mismos, y que por más que haya grupos de personas interesadas en mantener dormida a la humanidad por sus propios intereses basados en una cultura de miedo, en realidad está en nosotros la capacidad de no ser más objetos de manipulación cultural.

Todo lo que está pasando, todo lo que estamos viendo, todo el movimiento planetario solo nos está pidiendo una cosa: ¡Despierta! ¡Abre los ojos! ¡Date cuenta que tú tienes el poder sobre tu vida! ¡Tú y solo tú eres el dueño de tu parecer, tú y solo tú te creas tu experiencia!

Cada vez veremos más y más el colapso de todas las estructuras de poder actuales, puede tomar un año o cien, pero es un hecho irreversible. Si escogimos nacer para estar vivos en esta época, es porque aquí está lo que necesitamos vivir. Hagámonos conscientes de esto y usemos nuestro poder, el que ya existe en nosotros y nadie puede quitarnos.
En servicio,
Santiago
Coach en Inteligencia del Cambio
www.SantiagoMarino.com

sábado, 19 de marzo de 2011

Ser amable con uno mismo

Nuevo enfoque / Un concepto que choca con la cultura de la autocrítica

Ser amable con uno mismo

La psicología rescata el valor de la autocompasión y sus beneficios para la salud


Tara Parker-Pope
The New York Times
NUEVA YORK.- ¿Te tratas tan bien como tratás a tus amigos y a tu familia? Esta pregunta es el punto de partida para una nueva área de la psicología en franco crecimiento llamada autocompasión: qué tan amables somos con nosotros mismos. Los que fácilmente apoyan y entienden a los demás, en general sacan muy bajos resultados en los tests de autocompasión, regañándose por fallas como el sobrepeso o la falta de actividad física.
Sin embargo, las últimas investigaciones sugieren que aceptar nuestras imperfecciones puede ser el primer paso para lograr una mejor salud. Las personas que tienen altos valores en esta clase de tests sufren menos la depresión y la ansiedad, además de ser más felices y optimistas. La información preliminar sugiere que la autocompasión puede incluso influir en cuánto comemos y ayudarnos a bajar de peso.
Estas ideas parecen ser contrarias a los consejos de muchos médicos y libros de autoayuda que sostienen que la fuerza de voluntad y la disciplina son las claves para una mejor salud. Pero Kristin Neff, pionera en este campo, dice que la autocompasión no se debe confundir con la autoindulgencia o con tener estándares bajos.
"En mis investigaciones encontré que la razón principal por la cual las personas eran poco autocompasivas era el miedo de volverse indulgentes consigo mismas -explica Neff, profesora asociada de desarrollo humano en la Universidad de Texas-. Creen que la autocrítica es la que las mantiene en línea. Nuestra cultura dice que ser duros con nosotros mismos es lo correcto."
Imagine su reacción frente a un niño con problemas en la escuela o que come demasiada comida chatarra. Muchos padres ofrecerían su apoyo, enseñándole o buscando comida más sana que él disfrute. Pero cuando los adultos se encuentran en una situación similar, trabajando demasiado o comiendo de más y ganando peso, muchos caen en un círculo de autocrítica y negatividad. Eso hace que se sientan incluso menos motivados a cambiar.
"La autocompasión realmente conduce a la motivación -dice Neff-. La razón por la cual no dejarías que tus hijos comieran cinco kilos de helado es porque los quieres. Con la autocompasión, si te quieres a ti mismo, tiendes a hacer lo que es saludable para ti más que lo que es dañino."
Neff desarrolló una escala de autocompasión: son 26 frases para determinar cuán seguido la gente es amable consigo misma y si reconocen que los vaivenes son simplemente parte de la vida. Para quienes sacan bajo puntaje en la escala, Neff propone una serie de ejercicios: escribir una carta de apoyo a uno mismo, como para un amigo que preocupara; hacer una lista con los mejores y peores rasgos, pensando en cuáles podrían ser los pasos por seguir para ayudar a sentirse mejor acerca de uno mismo.

Un día de Domingo. Tim Maia y Gal Costa




En portugués:

Eu preciso te falar                                                      
te encontrar
de qualquer jeito
pra sentar e conversar
depois andar
de encontro ao vento
eu preciso respirar
o mesmo ar que te rodeia
e na pele quero ter
o mesmo sol
que te bronzeia
eu preciso te tocar
e outra vez
[Más Letras en http://es.mp3lyrics.org/a4N]
te ver sorrindo
e voltar num sonho lindo
já não dá mais pra viver
um sentimento sem sentido
eu preciso descobrir
a emoção de estar contigo
ver o sol amanhecer
e ver a vida acontecer
como um dia de domingo
Faz de conta que
ainda é cedo
tudo vai ficar
por conta da emoção
Faz de conta que
ainda é cedo
e deixar falar
a voz do coração
[Bis]



En español:


Hoy te tengo que encontrar

y sentarnos un momento,

como antes conversar
 
en vez de andar a contratiempo,
 
necesito respirar el aire que ahora te rodea
 
y en la piel quiero sentir el mismo sol que te broncea,
 
necesito recorrer tu cuerpo y verte sonreir
 
y volver a ser los mismos,
 
ya no puedo más vivir un sentimiento sin sentido,
 
necesito descubrir esa emoción de estar contigo
 
ver el sol amanecer y ver la vida acontecer
 
como en un día de domingo.


 
Imagínate que todo es nuevo
 
y dejemos que nos lleve la emoción,
 
que se duerma el alma en el silencio
 
y que pueda hablar la voz del corazón.



Hoy te tengo que llamar para ver si ha pasado
 
y porque acabó tan mal, saber porque nos separamos,
               
necesito oír tu voz para bailar con su sonido
            
corazón a corazón sintonizando los latidos
 
necesito despertar entre tus brazos y sentir
 
que jamás ha sucedido,
              
ya no puedo continuar disimulando que te quiero
                
y no te puedo olvidar porque te extraño y te deseo
 
quiero verte junto a mí y ver el mundo sonreir
 
 
como en un día de domingo.


                      
Imagínate que todo es nuevo
     
y dejemos que nos lleve la emoción,
     
que se duerma el alma en el silencio
     
y que pueda hablar la voz del corazón. (BIS)